Prefacio

PREFACIO

"Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obede­cido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados." (Romanos 6:17) "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hom­bre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra." (II Ti­moteo 3:16-17)

En la actualidad, la urgente necesidad de la Iglesia es el cono­cimiento de la Palabra de Dios. La iglesia es fría e indiferente ante el pro­pósito principal por el cual Dios nos ha dejado aquí - ¡ganar a los perdidos para Cristo! Sin embargo, parece que algunos de los líderes más selectos de Dios están cayendo en la red de diferentes sectas falsas de la actualidad. De nuevo, la causa de este gran mal es la falta de conocimiento de las doctrinas de la Palabra de Dios. Además, los hijos de Dios están reincidiendo hacia el pecado. Los cristianos deben alimentarse de la Palabra de Dios para crecer espiritualmente. De este modo, la Verdad de Dios actuará sobre la vida y conducta de ellos. El hecho de que los hombres no quieren pres­tar oídos a la sana doctrina es una señal de los últimos tiempos - una señal que Cristo pronto volverá. "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios." (I Timoteo 4:1)

Hoy, más que nunca, los pastores y ministros necesitan usar (“trazar”) bien la Palabra de Verdad. Lo que hace falta en muchas iglesias es la predicación de doctrina fuerte para la edificación de los oyentes. Hay almas que son salvadas, no obstante estas almas no están recibiendo el crecimiento espiritual. La verdad edifica. El error destruye. Hay una diferencia grande entre el creyente que cree la verdad y el que vive y defiende la Verdad. Por tanto, el estudiante debe orar para que no sólo conozca las doctrinas; sino que ellas se conviertan en una reali­dad de su diario vivir.