TEOLOGIA (La Doctrina de Dios)

CAPITULO I

TEOLOGIA

(La Doctrina de Dios)

 

 

I. LOS NOMBRES Y TITULOS DE DIOS

   A. Elohim

   B. Jehová

   C. Adonai

   D. Combinaciones Jehovísticas

   E. Combinaciones Eloísticas

II. LA EXISTENCIA DE DIOS

   A. Sistemas de teología falsos y verdade­ros

   B. Evidencias de la existencia de Dios

III. LA NATURALEZA DE DIOS

   A. Las definiciones de Dios

   B. La espiritualidad de Dios

   C. La personalidad de Dios

   D. La trinidad de Dios

   E. La auto-existencia de Dios

   F. La infinidad de Dios

IV. LOS ATRIBUTOS DE DIOS

   A. Omnipotencia

   B. Omnisciencia

   C. Omnisapiencia

   D. Omnipresencia

   E. Eternidad

   F. Inmutabilidad

   G. Amor

   H. Misericordia

   I. Gracia

   J. Fidelidad

   K. Santidad

V. LA PATERNIDAD DE DIOS

   A. La enseñanza del antiguo testamento

   B. La enseñanza del nuevo testamento

 

CAPITULO I

 

TEOLOGIA

(La Doctrina de Dios)

 

La palabra "teología" viene de la palabra griega theos, que significa Dios. Por tanto, la teología es la doctrina de Dios. Para comenzar el estudio de las numerosas doctrinas bíblicas debemos empezar con la Fuente de todas las cosas, ¡Dios! No hay ninguno, nada, antes que El. Antes que algo llegara a existir, El era. "En el principio creó Dios­ los cielos y la tierra." (Génesis 1:1) "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras..." (Hebreos 1:1) "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." (Juan 1:1)

 

*Las primeras cosas que estudiaremos son:

 

I. LOS NOMBRES Y LOS TÍTULOS DE DIOS.

 

El nombre de una persona, lugar, o cosa es aquello por el cual es conocida. Los nombres de Dios son aquellos mediante los cuales El es conocido. Ellos denotan su carácter. Los nombres del Señor son aquellos por los cuales El es conocido a su pueblo. "Oh Dios, sálvame por tu nombre." (Salmo 54:1) "En ti confia­rán los que conocen tu nombre." (Salmo 9:10)

 

Los nombres personales de Dios, Elohim, Jehová y Adonai, describen el carácter de Dios y de sus acciones hacia la humani­dad, distinguiendo entre el Santo y el pecador.

 

A. ELOHIM.

 

La palabra Elohim, que es traducida "Dios," se encuen­tra más de mil trescientas veces en las Escritu­ras. Sin embargo esto no es un nombre perso­nal de Dios, sino que es el título oficial de Dios, lo que El es, ¡Dios! ­ ¡Elohim! La palabra elohim no es usada solamente para Dios, sino (1) para los hombres: "Yo dije: Voso­tros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo." (Salmo 82:6 con Juan 10 34-35), (2) para ídolos: "No te harás dioses de fundi­ción." (Éxodo 34:17) Dicha palabra es el título de Dios tal como la palabra "presiden­te." No es su nombre, sino su título. De la misma manera, hay muchas clases de presidentes: de compañías, de sociedades misioneras, etc. El nombre oficial de Dios es Elohim.

 

Elohim es un sustantivo plural. Inmediata­mente decimos que "plural" signifi­ca dos o más. Esto es cierto del idioma caste­llano, pero no es así en el idioma hebreo. En español tenemos dos números: singular, que significa uno, y plural que significa dos, o más. En hebreo, sin embargo, tenemos tres números: singular, que significa uno; dual, que signi­fica dos; y plural, que denota tres o más. Por tanto, Elohim es un sustantivo plural, de tres o más. Génesis 1:1 declara: "En el principio creó Dios (Elohim) los cielos y la tierra." Otro indicio bíblico de la Trinidad se encuentra en Génesis 1:26. "Entonces dijo Dios (Elohim): Hagamos al hombre a nuestra seme­janza..."

 

El significado literal de Elohim es "El que Ejerce el Poder", "El Fuerte." Y en el primer capítulo de Génesis se describe a Elohim ejerciendo su poder en estas once palabras: creó, hizo, formó, movió, dijo, vio, llamó, separó, puso, terminó y bendijo.

 

Ninguna criatura tiene poder, sino el que Dios le haya dado. El poder pertene­ce a Dios. El hombre tiene que trabajar para lograr poder en todas las facetas de la vida. Dios sólo tiene que hablar, y se hace. Dios no solamente puede crear; sino que, puede sustentar lo que El ha producido de la nada.

 

Elohim (Dios) tiene poder sobre los gobiernos. Daniel destacó esta verdad, y Nabucodonosor lo experimentó. "...para que conozcan los vi­vientes que el Altí­simo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y cons­tituye sobre él al más bajo de los hom­bres." (Daniel 4:17) Lleno de orgullo en su corazón, Nabucodonosor fue herido de locura hasta que recono­ció que el Altí­simo cierta­mente gobernaba. Entonces recobró su razón, y se convirtió en un fiel creyente de esta verdad.

 

Elohim (Dios) tiene poder sobre los juicios, ya sean relativos a los hombres, o a las naciones. Cuando El golpea, nadie puede resistirle.

La palabra El es la forma singular de Elo­him. Esta se encuentra doscien­tas cincuenta veces en las Escrituras. Es usada en los nombres personales de hom­bres, tales como Samuel (pedido a Dios) y Elías (Jehová es mi Dios).

 

B. JEHOVA.

 

Jehová es el nombre personal de Dios. Este es el nombre que está por encima de todo otro nombre. El significado de la palabra en sí es "Redentor." Cada vez que es usada en las Escrituras dicha pala­bra está conectada con el sentido de la liberación. "Cuando los capi­tanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Este es el rey de Israel. Y lo rodea­ron para pelear; más Josafat clamó, y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él." (II Crónicas 18:31)

 

A pesar de que el nombre personal de Dios, Jehová, se escribía, éste nunca se pronunci­aba. Los judíos consi­deraban que ese nombre era demasiado sagrado para ser pronunciado por labios humanos. Hay la posibilidad de que esta pronun­ciación no sea correcta, ni aun hoy, puesto que el idioma hebreo se escribe sin ninguna vocal. El nombre Jehová, en el hebreo, se deletrea JHVH. Confiamos en que lo estamos pronunciando correcta­mente. Podría pronunciarse Jehevé, o Jihiví, o Jahavá, o de muchas otras maneras diferentes. Cuando los escribas llegaban a este nombre, Jehová, para copiarlo, se lavaban los cuerpos, y las plumas con las que deletreaban este nombre eran limpiadas minuciosa­mente. Aun en público, cuan­do los lectores de las Sagradas Escrituras llegaban a esta palabra, no la pro­nunciaban, por temor de pronun­ciarla en vano, sino que sustituían por ésta palabra, Elohim o Adonai. Una de las razones por la que suprimían la palabra Jehová era para inculcar en las mentes de la gente la santidad de su signi­ficado.

 

Cuando el Señor (Jehová) apareció ante Moisés en la zarza ardiendo, y lo comisionó para que guiara a los hijos de Israel fuera de Egipto, hacia la tierra prometi­da, Moisés preguntó, "He aquí, que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me pregunta­ren: ¿Cuál es su nombre?, ¿Qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY El QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros." (Éxodo 3:13-14) Jehová es el eterno YO SOY. No hay pasado ni futuro con Jehová. El es el Presente Eterno, el Auto-existente, el que se hizo conocer.

 

En Éxodo 20:2 leemos: "Yo soy Jehová tu Dios­...Yo soy el Señor tu Elohim." Había muchas clases de Elohim, pero había sólo un Jehová. En la Palabra de Dios leemos, el "Elohim de Israel"; pero nunca, el "Jehová de Israel"; porque no existe otro Jehová. Cuando Elías y los profetas de Baal tuvieron una confronta­ción, fue para determinar cuál era Elohim (Dios), ¿Jehová o Baal?

 

Así es, Jehová siempre estuvo relacionado de una manera redentora con su propio pueblo, pero esta relación con sus criaturas (inclu­yendo a los no regene­rados) fue siempre como Elohim. Lo mismo en la actualidad. Dios es el Dios de todos los que no son salvos, pero El es Jehová, el Padre de todos los que son salvos. El libro de Jonás nos da una ilustra­ción de esto. En los capítulos tres y cuatro la gente invocaba a Elohim, pero Jonás invo­caba a Jehová. Los ninivitas eran hombres perdidos, pero Jonás era salvo. Los primeros se convirtieron y se salvaron, y pudieron, después de su salvación, llamar a Dios "Jeho­vá." Véanse: Jueces 7:14,15; II Crónicas 19:6-9; Génesis 7:16; I Samuel 17:46.

 

Tenemos otro nombre para Dios, y éste es Jah. Este se encuentra unas cuaren­ta y ocho veces en las versiones corregi­das. Algunos eruditos bíblicos creen que Jah es una forma abreviada de Jehová. El significado es el mismo. "Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; Exaltad al que cabalga sobre los cielos. Jah es su nombre; alegraos delante de él." (Salmo 68:4) El nombre Jah está siempre relacio­nado con alabanza. Se encuen­tra por primera vez (traducido como Jehová) en Éxodo 15:2.

 

Creemos que la palabra "Dios" (Elohim), siendo que es plural, como en Génesis 1:1, definit­ivamente sugiere que la Trinidad creó los cielos y la tierra. Sin embargo, los moder­nistas la interpretan de otra manera. Ellos dicen que la cita mencio­nada debería leerse: "En el principio, Dioses crearon los cielos y la tierra." Y la razón para esto, según ellos, es que Israel, para empezar, creía en muchos dio­ses, pero que su religión evolucio­nó hacia el monoteís­mo. Esta forma de razonar con respecto al asunto ha sido motivo de dificul­tad para muchos estudi­antes universitarios. ¿Hay algún pasaje bíblico que refuta esto? ¡Ciertamente que sí!

 

Deuteronomio 6:4 dice, "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es." Aho­ra bien, al colocar los nombres Elohim y Jehová donde correspon­den en este pasaje, vemos que la Palabra revela la Trinidad. "Oye, Is­rael: Jehová nuestro Elohim (tres, o más personas) es un JEHOVA..." Por consi­guiente, Israel comenzó con la creencia en un Dios y luego su fe se degeneró y cam­biaron la gloria del Dios incor­ruptible en semejanza de imagen de hombre corrup­tible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. (Romanos 1:23)

 

C. ADONAI

 

El término Adonai realmente significa "amo", o "dueño", el que posee, el que gobierna, el que bendice a los suyos. La encontra­mos primera­mente en Génesis 15:1-2: "Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo (adonai) de mi casa es ese damasceno Elie­zer?"

 

Adonai puede siempre conocerse por la palabra "Señor," o mi Señor," en el antiguo­ testamento de la Biblia. Existen dos formas diferentes de esta palabra: la forma singular Adonai, y Adorai, que es plural.

 

Adonai es usada de dos maneras en las Escri­turas cuando se refiere al hombre en sus relaciones terre­nales: (1) Como el amo de sus esclavos - "Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor (adonai), y le juró sobre este negocio." (Génesis 24:9), y (2) como un esposo para con su esposa. "...como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor (adonai­)..." (I Pedro 3:6) Véase: Génesis 18:12.

 

Un hebreo podía venderse a otro hebreo, quien se convertía en su amo; pero no podía ven­derse para siempre, sino que fue puesto en libertad en el año de jubileo. Sin embargo, había una manera por la que un esclavo podía convertirse en esclavo para siempre, y ésta era por opción propia. "...y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lezna, y será su siervo para siem­pre." (Éxodo 21:5-6) Pablo dijo que él era un esclavo de servidumbre (siervo) de Jesucristo, com­prado por sangre y vinculado por amor. Cada vez que uno menciona el nombre del Señor Jesucristo, uno debe pensar, "El es mi Adonai." Jesús dijo, "Vosotros me llamáis Mae­stro, y Señor; y decís bien, porque lo soy." (Juan 13:13)

 

D. COMBINACIONES JEHOVISTICAS.

 

1. Jehová-jireh. "El Señor proveerá." "...y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto." (Génesis 22:14) Esta era la ocasión cuando Abraham guió a su hijo, Isaac, al monte. Isaac lle­vaba la leña. Abraham llevaba el cuchillo y el fuego. Isaac preguntó dónde estaba el sacrificio. Y su padre Abraham, contestó, "Dios se proveerá de cordero para el holo­causto." Y Dios así lo hizo. Antes de que Abraham pudiera matar a su hijo en sacrificio pedido por Dios, el Ángel del Señor detuvo su mano; y al mirar hacia un zarzal vio al carnero que el Señor había pro­visto. Hace casi dos mil años que el hijo de Dios llevó, El mismo, una carga de madera, la cruz. El Padre sostuvo el fuego (que habla del juicio), y el cuchillo (que habla de la muerte), y Dios ciertamente se proveyó de un Sacrifi­cio, su Hijo, por nues­tros pecados. ¿Ha descubierto usted que El es su Jehová-Jireh? Recuerde que, no importa lo que suceda, El es Jehová-Jireh. "El Señor proveerá."

 

2. Jehová-Rapha. "El Señor que sana." "...y (el Señor) dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hiciere lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guar­dares todos sus estatutos, ninguna en­fermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador (Jehová-Rapha)." (Éxodo 15:26) El es el Señor, el Médico. Dios no está diciendo, "Yo curaré tus enfermedades," sino, "No te enviaré en­fermedad a ti."

 

A este mundo se le llama un "mundo enfermo." David Living­stone se refirió a África como a una "llaga abierta", y la razón por esto se debe a la profunda herida del pecado en la humanidad. La palabra "sanar" es una palabra interesante que signi­fica "reparar, reformar o curar." La cura­ción perfecta está en Jehová-Rapha, puesto que "por su llaga fuimos nosotros curados." (Isa­ías 53:5) Véanse: I Pedro 2:24 y Salmo 41:4.

 

3. Jehová-Nissi. "El Señor es mi estandarte." "Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-Nissi." (Éxodo 17:15) El Señor es nuestra victoria. ¡El Cristo crucifi­cado es nuestro Estandarte de Victoria!

 

4. Jehová-Zadash. "El Señor que santifica." "Y guar­dad mis estatutos, y po­nedlos por obra. Yo Jehová que os santifico (Jehová-Zadash)." (Levítico 20:8) Dios es el mismo Señor para el cristiano, como también para el hebreo. "...y dicien­do luego: he aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad... En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesu­cristo hecha una vez para siempre." (Hebreos 10:9-10) Véanse: Hebreos 10:14 y Éxodo 31:13.

 

5. Jehová-Salom. "El Señor nuestra paz." "Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-Salom; el cual perma­nece hasta hoy en Ofra de los abie­zeritas." (Jueces 6:24) Hay sólo una manera de asegurar la paz en la actualidad, y ésta es mediante el Señor Jesu­cristo. "Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación." (Efesios 2:14) Véase: Romanos 5:1.

 

6. Jehová-Tsidkenu. "El Señor nuestra justi­cia." "En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual llamarán: Jehová, justicia nuestra." (Jeremías 23:6) Israel será restaurado a la tierra de la promesa una vez más; y durante el Milenio, Jehová será llamado Jehová-Tsidkenu, "El Señor nuestra justicia." El Señor cierta­mente vino, el único Justo, sin embargo le crucificaron. Pero un día, El vendrá por segunda vez; e Israel lo recla­mará como su propia justicia. Hoy, Jesucristo es la única justicia que cualquiera pue­da reclamar.

 

7. Jehová-Shammah. "El Señor está allí." "En derredor tendrá dieciocho mil cañas. Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-Shammah (Jehová allí)." (Ezequiel 48:35) Cuando Israel haya sido restaurada a su país, y la tierra sea llena del conoci­miento del Señor, Jerusalén será llamada Jehová-Sham­mah, "El Señor está allí."

 

8. Jehová-Sabaoth. "El Señor de los Ejérci­tos." "Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrifi­cios a Jehová de los Ejércitos (Jehová-Saba­oth) en Silo." (I Samuel 1:3) Israel es el Ejército. El Señor es Jehová de los Ejérci­tos. Véanse: Éxodo 12:41; II Reyes 6:14-23; Romanos 9:29; Santiago 5:4.

 

9. Jehová-Ra-ah. "El Señor es mi Pastor." "Jehová es mi pastor (Jehová-Ra-ah); nada me faltará." (Salmo 23:1) Cierta vez una niña estaba citando este pasaje y dijo lo siguien­te: "Jehová es mi pastor, ¿por qué habría de preocupar­me?" ¿Ha encontrado usted al "Buen Pastor de las almas?" ¿Ha encontrado paz perfec­ta, siguiendo al Salvador dondequiera que El lo guíe? Los temores no podrán fas­tidiarlo; la oscuridad no podrá an­gustiarlo; la pobreza no podrá destruirlo, si Jesús es su Jehová-Ra-ah, su Pastor.

 

E. COMBINACIONES ELOISTICAS. (Derivadas de Elohim)

 

1. El Elyon. "El Dios Altísimo." "Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo (El Elyon), sacó pan y vino." (Géne­sis 14:18) El significa "Dios" y Elyon signi­fica "el más alto, o sublime." El nombre compuesto se traduce, "el Dios Altísimo." Véanse: Deute­ronomio 32:8; Daniel 4:34-35. Jesu­cristo es nuestro El Elyon. ­"Toda potestad (autoridad) me es dada en el cielo y en la tierra." (Mateo 28:18)

 

2. El Olam. "El Dios Eterno." "Y plantó Abraham un árbol tamarisco en Beerseba, e invocó allí el nombre de Jehová Dios Eterno (El Olam)." (Génesis 21:33) Así es, Dios es el "Dios Eterno", o sea, "El Dios de los Siglos."

 

3. El Shaddai. "El Dios Todopoderoso." Esto se encuen­tra por primera vez en Génesis 17:1. "Era Abraham de edad de noventa y nueve años, cuando le apare­ció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso (El Shaddai); anda delante de mí y sé perfecto." "El" significa "El Fuerte." Shaddai viene de la palabra shad, que significa "pecho", "pecho de mujer." Esto está ilustrado en Isaías 28:9. El Shaddai, por lo tanto, significa "el Pecho de Dios", "el Ali­menta­dor", "el Confortador", "el que Satisface."

 

Uno de los nombres atribuidos a Dios que es más apreciado por los estudian­tes bíblicos es El Shaddai, "Pecho de Dios", "el Fortalecedor," "el Dios Omnisuficiente," "el Dios Omniabundan­te," "el Dios que es Perfecta­mente Eficaz," "el Dios que es Capaz." "Por lo cual puede también salvar perpe­tua­mente..." (Hebreos 7:25) ¿Por qué? Porque Jesucristo nuestro Señor es nuestro El Shaddai, "El Dios que todo puede."

 

II. LA EXISTENCIA DE DIOS.

 

A. SISTEMAS DE TEOLOGIA FALSOS Y VERDADEROS.

 

1. Deísmo. Este sistema reconoce que hay un Dios, pero niega que Dios sus­tente la crea­ción. De acuerdo a este sistema, "Dios es el Hacedor, pero no el Preservador."

 

2. Ateísmo. Los que adhieren a esta creencia, así llamada, excluyen a Dios totalmente.

 

3. Escepticismo. Los escépticos e infieles están llenos de dudas e incredulidad con respecto a Dios, especial­mente el Dios del libro de Apocalipsis.

 

4. Agnosticismo. Este concepto teológico no niega a Dios, pero niega que Dios pueda llegar a conocerse.

 

5. Panteísmo. Todo es Dios, y Dios es todo. Todo lo que uno ve es Dios. Dios está en todo. Dios y la creación son sinóni­mos.

 

6. Politeísmo. Esta es la creencia en muchos dioses. Hay varios dioses sobre nosotros. Estos a su vez tienen dioses sobre ellos, éstos tienen dioses sobre ellos, y así sucesi­vamente.

 

7. Triteísmo. Esta es la doctrina de tres Dioses.

 

8. Dualismo. Esta es la creencia en dos Dioses: un Dios que es bueno, y un Dios que es malo. Ambos son iguales en poder y persua­sión.

 

9. Teísmo. La creencia en la existencia de un Dios personal es conocida como teísmo. Si uno llegara a gloriarse en esto, sería en vano, puesto que uno debe conocer quién es Dios y cuál es su nombre, a fin de poder con­fiar en El.

 

10. Monoteísmo. Esta es la doctrina de un solo Dios. Nosotros somos monoteístas. Los judíos y los mahome­tanos son mono­teís­tas. Si eso es la verdad, ¿son salvos ellos? ¡No! "Tú crees que Dios es uno; bien haces. Tam­bién los demonios creen, y tiem­blan." (Santia­go 2:19) Creer en un Dios no es suficiente; pero, "si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo." (Roma­nos 10:9)

 

B. EVIDENCIAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS.

 

Que el estudiante se dé cuenta de que la Biblia nunca trata de demostrar que hay un Dios. La Biblia supone que los hombres saben que Dios existe, y declara: "Dice el necio en su corazón: No hay Dios..." (Salmo 14:1)

 

*Hay muchas evidencias de la existencia de Dios:

 

1. EVIDENCIAS INTELECTUALES.

 

a. El Argumento Institucional. "Aquello que está en el hombre, a veces lla­mado las "prime­ras verdades"; la confianza de saber que hay un Dios sin que na­die revele tal hecho. Un niño sabe que hay un Dios. ¿Quién se lo dijo? Todas las razas del mundo saben que hay un Dios, a pesar de que no están adorando al sólo, único y verdadero Dios. No hay tal cosa como un ateo ver­dadero. La evidencia de la existencia de Dios está en el hombre. Es innata en él.

 

b. El Argumento Cosmológico. Este es el argumento de causa y efecto. Aquí está el mundo. ¿Cómo llegó a existir? Hay una Causa, o Potencia, detrás de todas las cosas. Debe haber un Hacedor, o Creador. Es fácil pensar que antes de la creación está Dios, pero es imposible pensar en algo antes que Dios.

 

c. El Argumento Teleológico. Por esto quere­mos decir, "propósito y diseño." Existe un di­seño y un orden perfecto en el universo. Cada copo de nieve presenta una con­figura­ción hermosa e individual que revela el Creador. ¿Por qué sube el hielo a la super­ficie del agua y no se baja al fondo cuando se congele? Si esto no fuera así, entonces toda el agua se congelaría eventual­mente, y los peces morirían. ¿Cómo es posible que las estaciones - la prima­vera, el verano, el otoño y el in­vierno - siempre vienen en orden y lo han estado haciendo durante milenios? ¿Por qué razón el sol no se acerca más a la tierra (quemándola), ni se aleja más de ella (congelándola)? Debe haber un Proyectista detrás de toda la crea­ción, y ese Proyec­tista es Dios. (Romanos 1:18-22)

 

d. El Argumento Antropológico. Este argumento está basado en las cualidades morales e inte­lectuales del hombre. El hombre es el resul­tado directo de la crea­ción de Dios, como las otras criaturas. Sin embargo, estas criaturas no poseen las cualidades morales e intelectuales del hombre. El hombre tiene la capa­cidad de sa­ber, de razonar. Si el hombre no obtuvo estas cualidades de su Creador, ¿de dónde han venido?

 

2. EVIDENCIAS HISTÓRICAS. ¡Con toda certeza, la historia es Su Historia! La histo­ria verifica el hecho de que hay un Dios. La historia ha demostrado el hecho de que Dios está contra aquellos que han repudiado su ley. Por tanto, los cristia­nos nunca debieran preocuparse por las condiciones mundiales. Dios está en su trono. Nada puede suceder, sino por su volun­tad. Alguien ha dicho, "La profecía es el molde de la historia." Dios habla, y años más tarde lo que El habló se cumple al pie de la letra. La historia solamente cumple lo que Dios ha dicho que sucedería. La historia com­prueba que hay un Dios.

3. EVIDENCIAS DE LA EXPERIENCIA. Esta es una de las pruebas más grandes, hasta ahora, de la existencia de Dios. Miles de personas han sido transformadas por el po­der de Dios. No hay ninguna otra explicación aparte de Dios. Las oraciones que han sido contes­tadas dan testimonio de la existencia de Dios. (Romanos 1:16)

 

4. EVIDENCIAS DE LAS ESCRITURAS.

 

a. La Suposición Bíblica. La Biblia es el único libro que es inspirado por Dios. La Palabra de Dios no defiende la existencia de Dios, sino que la declara. La Biblia es la norma de la moralidad y rectitud que se ve expresada en las leyes de los gobiernos del mundo. Si la Biblia no fuera la Palabra de Dios, jamás podríamos conocer a Dios ni discernir entre lo bueno y lo malo.

 

b. La Revelación del Hijo de Dios. En Cristo Jesús, Dios descendió al mundo para revelar a nosotros cómo es Dios, y si Jesús no es Dios, entonces no hay Dios, y Dios jamás puede ser conocido. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer." (Juan 1:18) Más Cristo Jesús, sí, es el Hijo de Dios. Su vida demuestra los atributos divinos y la gloria de Dios. (Juan 1:14; 14:8-10)

 

c. La Declaración Profética. Dios pronosticó el futuro. Cual­quiera que puede hacer esto es más que un hombre. El hombre no siempre puede explicar el pasado, mucho menos el futuro. Cuando Cristo Jesús fue crucificado, veinti­cinco profecías distintas, escritas siglos antes de los hechos, se cumplieron.

 

III. LA NATURALEZA DE DIOS.

 

A. DEFINICIONES.

 

1. Declaraciones bíblicas.

 

a. Dios es Espíritu. "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren." (Juan 4:24)

 

b. Dios es Luz. "Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anuncia­mos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él." (I Juan 1:5)

 

c. Dios es Amor. "El que no ama, no ha cono­cido a Dios; porque Dios es amor." (I Juan 4:8)

 

d. Dios es Fuego Consumidor. "Porque nuestro Dios es fuego consumidor." (Hebreos 12:29)

 

2. Declaraciones Teológicas.

 

a. Catecismo de Westminster: "Dios es un Espíritu, infinito, eterno e inmutable en su Ser, su sabiduría, su poder, su santidad, su justicia, su benig­nidad y ver­dad."

 

b. Dr. Strong: "Dios es el Espíritu infinito y perfecto, la proce­dencia de todas las cosas, la sustentación de todas las cosas, el fin de todas las cosas."

 

c. Andrew Fuller: "Dios es la primera causa y el último propósito de todas las cosas."

 

B. LA ESPIRITUALIDAD DE DIOS.

 

1. Su Esencia. El es un Ser espiritual. "Dios es Espíritu..." (Juan 4:24) Es invisi­ble. "El es la imagen del Dios invisible..." (Colo­senses 1:15) ¿Qué es un espíritu? Un espíritu es un ser sin carne, ni huesos. "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo." (Lucas 24:39) Un espíritu tiene cuerpo, un cuerpo espiritual; pero es diferente a un cuerpo físico, o sea, material. Dios no puede ser visto por el ojo humano. Dios, en su esencia pura, no ha sido visto jamás. "A Dios nadie le vio jamás; el uni­génito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer." (Juan 1:18)

 

2. Sus Manifestaciones. A pesar de que Dios, en su esencia pura, no ha sido visto jamás; sin embargo, El se ha revelado a los hombres en diferentes formas. Las Escrituras pregun­tan, "¿A qué, pues, me haréis o me compara­réis? dice el Santo." (Isaías 40:25) El hombre no puede conocer a Dios, pero El se ha revelado a sí mismo en su Hijo.

 

Parece como si hubiera ciertas contradic­ciones en la Palabra de Dios. En algunos lugares dice que la gente vio a Dios. "Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara." (Éxodo 33:11) "Y subieron Moisés y Aarón, Nadab, y Abiú, y sesenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel..." (Éxodo 24:9-10) En otros lugares la Palabra dice que es impo­sible ver a Dios. "Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá." (Éxodo 33:20) La verdad es, que ningún hombre ha visto el rostro de Dios en su verdadera esencia; pero, sí, ha fijado la mirada en su semblante y hablado de labio a labio con Dios cuando Dios se ha manifestado a sí mismo. "Cara a cara hablaré con él..." (Números 12:8) Estas no son contradic­ciones, sino aclaraciones.

 

El Espíritu Santo puede manifestar­se a sí mismo en forma visible. "También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él." (Juan 1:32) Fue en el bautismo del Señor Jesús que Juan vio la forma, pero no al Espíritu; sin embargo, el Espíritu se mani­festó.

 

*Dios se ha manifestado en muchas formas, y entre ellas están las siguien­tes:

 

a. En formas de criaturas. Por esto no que­remos decir que el Señor haya aparecido en forma de animales, sino, más bien, en la forma de seres humanos. Génesis 3:8 y 12:7 ilustran bien esto. "Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escon­dieron de la pre­sencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto." (Génesis 3:8) "Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido." (Génesis 12:7) Véanse: Éxodo 24:9-11; Génesis 16:7, 10, 13; 18:1-16; 32:24-30; Jueces 13:22, 23.

 

Dios también se manifestó a sí mismo como el Ángel del Señor. "El Ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defien­de." (Salmo 34:7)

 

"Además le dijo el Ángel de Jehová: He aquí que has conce­bido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción." (Génesis 16:11) La mayo­ría de los eruditos bíblicos está de acuerdo en que el Ángel del Señor (o Jehová) no es otro sino el mismo Señor Jesús.

 

b. En formas materiales. El hombre no podía ver a Dios; por tanto, Dios se manifestó a sí mismo en formas desde las cuales El habló y guió a los hombres. Una de las formas fue la zarza ardiendo: "Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: "Heme aquí." (Éxodo 3:40) Otras formas fueron la columna de nube y la columna de fuego. "Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alum­brarles, a fin de que anduviesen de día y de noche." (Éxodo 13:21)

 

c. En la Persona de Jesucristo. Nuevamente declaramos que nos gozamos en el hecho de que en la actualidad Dios no decida revelarse a sí mismo de otra manera sino en su Hijo, Jesu­cristo. Dios no escoge de manifestarse a sí mismo en un vapor, sino, más bien, en forma humana. "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." (Juan 1:1-14) Véanse: I Timoteo 3:16; Hebreos 1:3; Col.2:9.

 

C. LA PERSONALIDAD DE DIOS.

 

*Dios es una Persona que posee auto-conciencia, auto-determi­nación, poder y vida en sí misma.

 

Muchas personas tienen ideas vagas acerca de Dios como una fuerza, un poder, o una influen­cia. Pero es imposible tener comunión con una fuerza o con una influencia. Las palabras de nuestro Señor, cuando estaba en el huerto de Getsemaní, sugieren una comunión con Dios: "Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos." (Juan 17:13) Véanse: Éxodo 3:14 y I Corintios 2:11.

 

*Nunca confundamos personalidad con visibili­dad. La materia física no tiene nada que ver con la personalidad. La Persona de Dios se puede ver a través de lo siguiente:

 

1. Por medio de Sus nombres. "Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros." (Éxodo 3:14) Las palabras "YO SOY EL QUE SOY" hablan de una Persona viviente.

 

2. Por medio de los contrastes. Por esto queremos decir que las Escrituras hacen un contraste entre el único y sabio Dios y los dioses paga­nos. "...y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y ver­dadero." (I Tesalonicenses 1:9) Véanse: Jeremías 10:16 y Hechos 14:15.

 

3. Por medio de Sus atributos. Aquello que es caracte­rístico de Dios es llamado un atributo. Lo que El hace, denota personalidad, como por ejemplo:

 

a. Dios siente pena. Sólo las personas pueden apenarse. "Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón." (Génesis 6:6)

 

b. Dios se arrepiente. En la cita anterior (Génesis 6:6) notamos que Dios se arrepiente. I Samuel 15:29 dice: "Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepen­tirá, porque no es hombre para que se arre­pien­ta." Vemos que una porción de las Escritu­ras declara que Dios se arrepiente, y otra nos dice que El no se arrepiente. ¿Cuál es la respuesta? Son dos cosas. Cuando el hombre se arrepiente, él se arrepiente de algún acto inmoral. Cuando Dios se arrepiente, El se arrepiente de algún acto judicial. La actitud de Dios hacia el pecado nunca cambia.

 

Tómese el caso de Jonás y Nínive. Ellos se arrepin­tieron, cambiaron de crite­rio y cam­biaron sus vidas. Dios no cambió su actitud hacia el pecado, pero debi­do a que Nínive se había arrepentido, no había necesidad de que sufriera el juicio que antes le correspondía. Su pecado había sido confesado y perdonado.

 

c. Dios ama. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3:16) "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, ce­loso, y arrepiéntete." (Apocalipsis 3:19) Sólo una persona puede amar.

 

d. Dios odia. "Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma." (Proverbios 6:16)

 

e. Dios oye. "El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? El que castiga a las naciones, ¿no reprenderá? ¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia? (Salmos 94:9-10)

 

 

4. Por medio de Sus hechos.

 

a. Dios crea. "En el principio creó Dios los cielos y la tierra." (Géne­sis 1:1) Véase: Isaías 45:18.

 

b. Dios provee. "Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacien de bien. Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra." (Salmo 104:27-30) Dios da vida y sustenta toda la creación.

 

c. Dios promueve. Aparentemente, algunas personas son prosperadas antes que otras. El mundo tiene un nombre para esto, "la suerte," pero la respuesta co­rrecta es "el Señor." Los reyes reciben su poder de El. Los pastores reciben su cargo de El. Los maridos reciben sus esposas de El. Todas las promo­ciones pro­vienen del Señor. "Porque ni de oriente ni de occi­dente, ni del desierto viene enaltecimien­to. Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquel enaltece." (Sal­mo 75:6-7)

 

d. Dios cuida. Dios tiene un corazón; sólo una persona tiene corazón. Dios se preocupa. "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros." (I Pedro 5:6-7)

 

D. LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD.

 

1. Dios es una Persona Trina. Con esto, es lógico, quere­mos signi­ficar que Dios es Tres-en-Uno. Hay algunos errores en cuanto a la Trinidad. Al­gunos han sido expuestos por ignorancia, y otros deliberadamente.

 

Nosotros sabemos que la Biblia es la Palabra de Dios, aunque si más no fuera por el hecho de que en ella tenemos a la Trinidad. Si la Biblia hubiera sido escrita por los hombres solamente, ellos hubieran dejado a la Trinidad fuera de sus páginas; puesto que la Trinidad es demasiado difícil de entender. La mente humana no puede comprenderla. Lo único que los hijos de Dios pueden hacer es aceptarla por fe y estar firme en lo que Dios dice acerca de ella. Sólo porque, aparente­mente, no podamos entender todo acerca de la Trinidad no sig­nifica que la misma no sea verdad.

 

 

a. Malas Interpretaciones de la doctrina trinitaria.

 

Hay un pensamiento erróneo, el cual propone que en la Divi­nidad hay tres Individuos. Recordemos, sin embar­go, que Dios no es un Triade.

 

Otro error es que la Trinidad es sólo una persona, que se mani­fiesta a sí misma en tres. Es decir, hay tres esencias en una persona, Jesucristo, y que el Padre y el Espíritu Santo son sólo manifestaciones.

 

Aun un tercer error, y un error condenable, niega enteramente la Trinidad, y por consi­guiente, hace del Hijo y del Espíritu Santo criaturas de Dios, las cuales llegaron a existir después de Dios. En otras palabras, los que apoyan esta teoría errónea declara que hubo un tiempo cuando el Hijo no era. Las perso­nas que decla­ran estas cosas razonan de la si­guiente manera: "Un hijo no puede tener la misma edad de su padre. El padre siempre tiene que existir antes de su hijo para poder en­gendrarlo. Dios es el Padre del Hijo de Dios; por tanto, el Padre tenía que existir antes que el Hijo para poder engendrarlo."

 

A esto contestamos: "Si una persona declarase que él es un padre, y que lo ha sido por diez años, entonces nosotros sabemos que él ha tenido un hijo por diez años. Lo mismo con la Divinidad - si Dios es el Padre Eterno, enton­ces El debe haber tenido un Hijo Eterno."

 

La doctrina de la Trinidad es una doctrina que ha sido puramente revelada por Dios. Debemos recordar, entonces, que nosotros no adoramos a tres Dioses, sino a uno - Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. (Mateo 28:19)

 

Es prácticamente imposible dar ejemplos de la naturaleza de la Trinidad. Algunos han ofre­cido el trébol de tres hojas como ejemplo. Otros han sugerido el agua: como lí­quido en el estado natural; como vapor en el estado gase­oso y como sólido en el estado de congelación. Aun así, esto no está del todo claro, puesto que Dios es Tres-en-Uno.

 

Por lo tanto, nosotros proponemos que la mejor ilustra­ción de la Trinidad es el hombre mismo: cuerpo, alma y espíritu. (I Tes. 5:23) El hombre no es tres personas, sino una persona trina. Existen tres cosas que pertenecen a cada una separada­mente: alimento al cuerpo, música al alma, y adoración al espíritu. No obstante, estas tres cosas interesan a una perso­na.

 

b. El ejemplo de los rayos del sol.

 

Cuando la luz del sol irrumpe sobre la tierra, está compuesta de tres ele­mentos: rayos de calor, que pueden sentirse pero no pueden verse; rayos de luz que pueden verse, pero no sentirse, y rayos radioactivos, que no pueden verse, ni sentirse, pero que tienen grandes efectos dañinos. Son siete partes del espectro electromagnético, pero todos vienen del mismo sol. Como la trinidad de Dios, la luz del sol es un misterio. Podremos sentir su presencia y lo que hace, pero no entendemos cómo lo hace.

 

c. Los nombres del antiguo testamento.

 

(1) Sustantivos plurales.

 

"En el principio creó Dios (Elohim) los cielos y la tierra." (Génesis 1:1) Elohim es el sustantivo plural, que significa tres o más personas en el idioma hebreo. Esto, como es ló­gico, sugiere la Trinidad en la creación. Véanse: Génesis 3:5; Éxodo 20:3; Deuteronomio 13:2-3.

 

(2) Pronombres plurales.

 

"Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de noso­tros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol, de la vida, y coma, y viva para siempre." (Génesis 3:22) Este es Dios que habla a Dios, por lo tanto, la Trinidad. Véanse: Génesis 1:26; Isaías 6:8.

 

(3) Declaraciones bíblicas.

 

Las Escrituras declara que Dios ungió a Dios, por tanto, ¿cómo podría ser esto si Dios no fuera una Trinidad? "Tu trono, oh Dios (Jesús), es eterno y para siempre. Cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros." (Salmo 45:6-7) Véanse: Hebreos 1:8-12; Salmo 110:1; I Juan 5:7.

 

(4) Designaciones bíblicas.

 

Es decir, en Génesis 1:1, Dios declara que El creó los cielos y la tierra, y en el verso 2, el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Trinidad, es destacada individual­mente. "...y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas." (Véase: Job 24:13) Asi­mismo, elementos de la persona­lidad del Espíritu son vistos por la referencia al Espíritu Santo en Isaías 11:1-2. "Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de cono­cimiento y del temor de ­Jehová."

 

El Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, es también indivi­duali­zado. "Yo publicaré el decreto, Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy... Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino..." (Salmo 2:7,12) El Ángel del Señor del antiguo testamen­to no es otro sino el mismo Jesucris­to. En la porción siguiente de las Escri­turas, El es declarado aparte del Padre y del Espíritu Santo: "Y la halló el Ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur." (Génesis 16:7) Véanse: Génesis 18:1, 2, ­33; Isaías 48:16; 63:8-10.

 

(5) Expresiones triples.

 

Siempre que las Escrituras expresan alabanza, o bendi­ción de la Divinidad, ellas declaran una triple exclama­ción que destaca el hecho que Dios es el Trino Dios. Estas expre­siones también deben ser tres. "Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericor­dia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz." (Números 6:24-26) "Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y no­che de decir: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todo­pode­roso, el que era, el que es, y el que ha de venir." (Apoca­lipsis 4:8)

 

b. Revelaciones neotestamentarias

 

(1) El bautismo de Cristo.

 

El bautismo de Cristo es una de las mejores ilustracio­nes que demuestran la Trinidad. "Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que des­cendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que de­cía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." (Mateo 3:16-17)

 

*En este pasaje se presenta al Padre en el cielo, al Hijo en el agua, y al Espíritu Santo descendiendo sobre El como paloma.

 

(2) La fórmula bautismal.

 

La Iglesia de Dios en Cristo Jesús siempre usa la fórmula bautis­mal estable­cida por Jesucris­to. "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo." (Mateo 28:19) Nótese: que las Escrituras no di­cen, "en los nombres de", sino, "en el nombre de." Un nombre, pero tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

(3) La bendición apostólica.

 

La Iglesia ha usado esta bendición (la cual fue usada por el Apóstol Pablo por inspiración del Espíritu Santo) durante los últimos mil novecien­tos años. "La gracia del Señor Jesu­cristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén." (II Corintios 13:14)

 

(4) Otros pasajes bíblicos.

 

El versículo siguiente claramente revela el hecho de la Trinidad: "Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Juan 14:26)

 

2. La Trinidad como el único y sabio Dios. "Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos." (II Samuel 7:22) "¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién llama las genera­ciones desde el princi­pio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los postreros." (Isaías 41:4) Véanse: Isaías 43:10-11; 44:6; Deuteronomio 6:4.

 

Dios, Elohim, es una unidad compuesta; es decir, el sustantivo, Dios (que es plural), siempre se usa con un verbo singular. "En el principio creó (verbo sin­gular) Dios (“Elohim” - nom­bre plural) los cielos y la tierra." (Génesis 1:1) "Jehová (nombre singular) Dios (nombre plural) de los dioses, Jehová (nombre singu­lar) Dios (Elohim, nombre plural) de los dioses, él sabe (verbo singular), y hace saber a Israel: si fue por rebelión o por prevarica­ción contra ­Jehová, (singular) no nos salves hoy." (Josué 22:22) Véase: Génesis 1:5, 8, 13; 33:20.

 

3. Un resumen bíblico de la Trinidad.

 

a. A los Tres se reconocen como Dios:

 

(1) El Padre es reconocido como Dios. "A todos los que estáis en Roma, ama­dos de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a voso­tros, de Dios nues­tro Padre y del Señor Jesu­cristo." (Ro­manos 1:7) Véanse: Juan 6:27; I Pedro 1:2.

 

(2) El Hijo es reconocido como Dios. "Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino." (Hebreos 1:8) "Ense­ñándonos que, renun­ciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosa­mente, aguardando la esperan­za bien­aventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Sal­vador Jesu­cristo." (Tito 2:12-13)

 

(3) El Espíritu Santo es reconocido como Dios. "Y Pedro dijo: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Rete­niéndo­la, ¿no se te quedaba a ti? y vendi­da, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios." (Hechos 5:3-4)

 

b. A los Tres se describen como Personas distintas.

 

(1) El Padre y el Hijo son personas distintas entre sí:

 

(a) Cristo distingue al Padre de sí mismo. "Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mis­mo; y también le dio autori­dad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre." (Juan 5:26-27) Véase: Juan 5:32.

 

(b) El Padre y el Hijo son distinguidos como el Engen­drador y el Engendrado. Véase: Juan 3:16.

 

(c) El Padre y el Hijo son distinguidos como el Enviador y el Enviado. "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley." (Gálatas 4:4) Véase: Juan 10:36.

 

(2) El Padre y el Hijo actúan aparte del Espíritu Santo:

 

(a) El Hijo distingue al Espíritu Santo de sí mismo y del Padre. "Y yo ro­garé al Padre, y os dará otro Consola­dor, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le cono­céis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros." (Juan 14:16-17)

 

(b) El Espíritu procede del Padre. "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí." (Juan 15:26)

 

(c) El Espíritu es enviado por el Padre y el Hijo. "Mas el Consolador, el Espí­ritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Juan 14:26) Véase: Juan 15:26.

 

c. Estas tres Personas son iguales.

 

El Padre no es Dios como tal, puesto que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Hijo no es Dios como tal, puesto que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Espíritu Santo no es Dios como tal, puesto que Dios es Padre, Hijo y Espí­ritu Santo.

 

E. LA AUTO-EXISTENCIA DE DIOS.

 

Dios es auto-existente. Nosotros depende­mos de El.   El no depende de ninguna cosa. Algo hizo que nosotros llegára­mos a existir.   Nadie hizo a Dios. El siempre ha existido. Dios no existe porque El haya cau­sado su propia existencia. Dios existe porque su naturaleza es el exis­tir. Él es el Autor de la vida. (Juan 1:1-3)

 

Nuestras vidas vienen de una fuente externa. Hubo un momento cuando nosotros comenzamos a ser. "Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testi­monio de mí, que el Padre me ha enviado." (Juan 5:36) Nosotros no podemos decir esto.

 

F. LA INFINIDAD DE DIOS.

 

La naturaleza divina no tiene límites. "Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito." (Salmo 147:5) "¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás? Su dimensión es más extensa que la tierra, y más ancha que el mar." (Job 11:7-9) "Pero, ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿Cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (I Reyes 8:27) "¡Oh profun­didad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescru­tables sus ca­minos!" (Romanos 11:33) Véanse: Isaías 66:1; Salmo 113:5-6.

 

El mundo es un capullo de su glorieta de hermosura. El sol es una chispa de la luz de su sabiduría. El cielo es una burbuja en el mar de su poder.

 

IV. LOS ATRIBUTOS DE DIOS.

 

*Los atributos divinos son las cualidades esenciales de un Ser perfecto e infinito. Son propias de Dios y únicamente suyas.

 

A. LA OMNIPOTENCIA DE DIOS.

 

Esto significa que Dios es todopoderoso, todopoderoso. "Y oí como la voz de una gran multitud, como el es­truendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopo­deroso reina!" (Apocalipsis 19:6) "Y mirán­dolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es im­posible; mas para Dios todo es posible." (Mateo 19:26) "¿Hay para Dios alguna cosa difícil?" (Génesis 18:14a)

 

Hay solamente una cosa que puede limitar a Dios, y ésta es su propia y santa volun­tad. Alguna persona necia podrá proponer el verso de II Timoteo 2:13. "Si fué­remos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo." Dicha per­sona dirá, "Aquí hay algo que Dios no puede hacer." Pero esta cuestión y casos semejantes no se tratan de lo que Dios no pueda hacer, sino de lo que Dios no quiere hacer.

 

1. Dios tiene poder sobre la naturaleza. "Por la palabra de Jehová fueron he­chos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. El junta como montón las aguas del mar; El pone en depósitos los abismos. Tema a Jehová toda la tierra; teman delante de él todos los habitantes del mundo. Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió." (Salmo 33:6-9) "Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca." (Hageo 2:6) El hombre tiene que tener herra­mientas para hacer las cosas, mas Dios sólo tiene que hablar, y está hecho. Véanse: Génesis 1:1-3, Nahum 1:3-6.

 

2. Dios tiene poder sobre los hombres. "Uno sólo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro? ¡Va­mos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estare­mos allá un año, y traficaremos y ganaremos; cuando no sabéis lo que será ma­ñana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos o haremos esto o aquello." (Santiago 4:12-15) Véase: Éxodo 4:11.

 

3. Dios tiene poder sobre los ángeles. "Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?" (Daniel 4:35)

 

4. Dios tiene poder sobre Satanás. En Job 1:12 y 2:6 notamos que Satanás está sometido a Dios. "Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de de­lante de Jehová... Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida." Y nosotros sabemos del fin de Satanás por las siguien­tes Escritu­ras: "Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vues­tros pies...'' (Romanos 16:20a) "Y prendió al dragón, la serpiente anti­gua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años... Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos." (Apoca­lipsis 20:2-10) Véase: Lucas 22:31-32.

 

5. Dios tiene poder sobre la muerte. Pablo ruega que los Efesios puedan cono­cer "... la supereminente gran­deza de su poder para con nosotros los que cree­mos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sen­tándole a su diestra en los lugares ce­lestia­les, sobre todo princi­pado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el veni­dero." (Efesios 1:19-21) Finalmente, la muerte será des­truida. "Y la muer­te y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda." (Apocalipsis 20:14)

 

B. LA OMNISCIENCIA DE DIOS.

 

Omnisciencia significa que Dios "todo lo sabe." Dios es omnis­ciente. ¡El sabe todas las cosas! "Pues, si nuestro corazón nos reprende, mayor que nues­tro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas." (I Juan 3:20)

 

1. Incluye toda la naturaleza. Dios, el Creador, sabe todo lo concerniente a sus criaturas:

 

a. De su creación inanimada. "El cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres." (Salmo 147:4) "¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendi­miento no hay quien lo alcance." (Isaías 40:28)

 

b. De los animales. "¿No se venden dos paja­rillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre." (Mateo 10:29)

 

c. De los humanos. Dios tiene pleno conoci­miento del hombre. "No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis." (Mateo 6:8) Dios conoce la necesidad del hombre. El sabe los mismos pensamientos del hombre. "Tú has conocido mi sentarme y mi levan­tarme; has entendido desde lejos mis pensamientos." (Salmo 139:2) "Jeho­vá conoce los pensamientos de los hombres, que son vanidad." (Salmo 94:11) Véanse: I Crónicas 28:9 y Hebreos 4:13.

 

Dios conoce el corazón del hombre: "Tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdona­rás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú cono­ces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hom­bres)." (I Reyes 8:39) Véanse: Salmo 44:21 y Hechos 1:24. Dios conoce las experiencias que hemos pasado. "Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflic­ción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias." (Éxodo 3:7) ¡Cuán absurdo que el hombre trate de engañar a Dios!

 

2. Abarca todo el tiempo. "Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos anti­guos." (Hechos 15:18) Y esto abarca el pasa­do, el presente y el futuro. Dios puede ver el pasado porque nos ha dado a conocer todas las cosas que han sucedido hace milenios (el libro de Génesis). El pre­sente es un libro abierto para El. "Y no hay cosa creada que no sea mani­fiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abier­tas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta." (Hebreos 4:13) El futuro es conocido por El lo mismo que el presente y el pasado. El co­noce el fin y el comienzo. "...ya desti­nado desde antes de la funda­ción del mundo, pero manifes­tado en los postreros tiempos por amor de vosotros." (I Pedro 1:20) I Reyes 13:2 es, también, una maravillosa ilustración de que Dios conoce el futuro. Trescientos años antes de que naciera, el nombre de un niño fue dado, de qué familia vendría y las cosas que haría cuando fuese adulto. "Aquel clamó contra el altar por pa­labra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrifica­rá sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres." Véanse: Isaías 44:28; Jeremías 1:5; Gálatas 1:15-16; Éxodo 3:19; Daniel 2:8.

 

*Puesto que Dios conoce el futuro, debemos poner nuestro todo en sus manos.

 

3. Incluye todas las posibilidades. Sólo Dios sabe lo que habría sucedido si algo hubiera sucedido lo cual no sucedió. "Tú, oh Capernaum, que eres levan­tada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría perma­necido hasta el día de hoy." (Mateo 11:23) Véanse: I Samuel 23:12; Isaías 48:18.

 

C. LA OMNISAPIENCIA DE DIOS.

 

Por esto queremos significar la "Perfecta Sabidu­ría de Dios," es decir, Dios po­see toda la sabiduría. Hay una gran diferencia entre sabiduría y conocimiento. El conoci­miento es lo que uno ha aprendido, mas la sabiduría divina es el perfecto despliegue de la verdad. La sabiduría involucra discernimiento y juicio.

 

1. La Elección de la Suprema Finalidad. Todas las cosas son escogidas para que traigan aparejado a la suprema finali­dad de la gloria de Dios.

 

2. La mejor manera de asegurar tal finalidad. Aquí es donde la sabiduría hace valer, no sólo escogiendo aquello que traerá aparejado la suprema finali­dad; sino trazando las mejores maneras de asegurar dicha finali­dad. "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán inson­dables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Romanos 11:33) Véanse: Romanos 16:27; I Corintios 2:7; Efesios 1:8; 3:10; I Timoteo 1:17.

 

D. LA OMNIPRESENCIA DE DIOS.

 

Hay muchas ideas vagas en cuanto a la omnipre­sencia de Dios. "Omnipresente" simplemente significa "presente en todo lugar." Dios está en todos los sitios, mas El no está en todas las cosas. La creencia de que El está en todas las cosas es llamada "pan­teís­mo." Si Dios estuviera en todas las cosas, enton­ces todo lo que el hombre tendría que hacer sería postrar­se ante una piedra, un árbol, un escritorio, una mesa, o cualquier objeto, y él estaría adorando a Dios. Dios no está en todas las cosas, pero El está en todos lados. El está presente en todo lugar. La mejor ilustración de esto es la del maestro frente a su clase. El maestro es omni­presente a cada alumno en dicha aula; pero él no es omnipresente a los que están afuera, ni a los que están en el subsuelo, ni siquiera a los que están en el aula contigua. ¿Por qué? Porque las paredes, los pisos y el espacio son barreras entre él y aquellos que están en otras partes del edificio. Pero Dios transciende todas las barreras - espacio, materia y tiempo.

 

Nosotros creemos, por lo tanto, que hay un determinado lugar donde El se ma­nifiesta a sí mismo, donde El está ubicado. Desde esta localidad, El está pre­sente en todo lugar del universo. "Oye, pues, la oración de tu sier­vo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona." (I Reyes 8:30) Véanse: Jeremías 23:25; Efesios 1:20; Apocalipsis 21:2.

 

Aunque la morada de Dios está en los cielos, no obstante sabemos que El se ha manifestado a sí mismo en otros lugares. (1) En la tierra, como cuando El estuvo en la zarza ardiendo. (Éxodo 3:4)   "Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí." (2) En la encarnación de Cristo Jesús. "Haya, pues, en voso­tros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se des­pojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejan­te a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." (Filipenses 2:5-8)

 

El Espíritu Santo está en todas partes. (1) El está en los creyentes. "Y yo ro­garé al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siem­pre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le cono­céis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros." (Juan 14:16-17) (2) El está con los incrédulos. "Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, conven­cerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio." (Juan 16:7-8)

 

*Dios está con nosotros no importa donde este­mos. El es omni­presente. El está presente en todas partes a la vez.

 

E. LA ETERNIDAD DE DIOS.

 

Esto es algo que nunca ha sido comprendido por la mente humana. Dios es sin principio y sin fin. El vive en una "Ahora eterna." El es el Único que siempre es. No hay pasado ni hay futuro con Dios. "Dije: Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días; por generación de genera­ciones son tus años. Desde el principio tú fundaste la tierra. Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanece­rás. Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los muda­rás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán." (Salmo 102:24-27)

 

Alguien preguntará: "¿Cuál es la diferencia entre Génesis 1:1 y Juan 1:1?" Génesis 1:1 dice: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra." Juan 1:1 dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." Ambos pasajes empiezan en el mismo punto, "el princi­pio." Génesis 1:1 co­mienza con el princi­pio y mira adelante, hacia la eternidad. Mien­tras que Juan 1:1 comienza con el principio y mira atrás, hacia la eterni­dad. Por consiguiente, el Verbo, el Señor Jesu­cristo, no tuvo principio.

 

F. LA INMUTABILIDAD DE DIOS.

 

Esto significa, en todas palabras, la "inva­riabilidad de Dios." Su Ser, su actitud y sus actos son inmutables. "Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumi­dos." (Malaquías 3:6) "Toda buena dádiva y todo don perfecto des­ciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación." (Santia­go 1:17) "Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, inter­puso juramento." (Hebreos 6:17)

 

G. EL AMOR DE DIOS.

 

1. Su Mención. "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor... Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con noso­tros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él." (I Juan 4:8,16)

 

Existen los que niegan la inspiración divina de las Escrituras, pero que aún dicen que Dios es amor. Si las Escrituras no son la Palabra de Dios, ¿cómo sabemos que Dios es amor? Uno puede buscar por todo el mundo y jamás encon­trar la frase, "Dios es amor," entre los paganos. Ellos tienen sus dioses y sus ídolos, pero desconocen a un Dios que es amor.   La Biblia, y sólo ella, nos dice que "Dios es amor."

 

2. Sus propósitos. Si Dios es amor, entonces ese amor debe estar dirigido a alguien. Y ciertamente lo está, pues que de las Escritu­ras aprendemos que los objetos de su amor son los siguientes:

 

a. Su Hijo. Dios ama a su Hijo más que a cualquier hombre jamás podría amar a su propia descendencia. "Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." (Mateo 3:17) Véase: Mateo 17:5. El amor de Dios es un amor per­fecto, que trasciende todas las barreras. "Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado porque me has amado desde antes de la fundación del mundo." (Juan 17:24)

 

b. Los creyentes. Todos los que creen en el Señor Jesucristo son objeto del amor divino. El manifiesta ese amor día tras día. "Pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios." (Juan 16:27) "Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado." (Juan 17:23)

 

c. Israel. Tenga cuidado de cómo usted le habla a un "humilde" judío. El es objeto del amor de Dios, lo mismo que nosotros los cris­tianos. "Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericor­dia." (Jere­mías 31:3)

 

d. Los pecadores. Dios jamás cambia en cuanto a su actitud hacia el pecado. ¡Dios odia el pecado, pero ama al pecador! "Pero Dios, que es rico en mi­sericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)." (Efesios 2:4-5) "Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo, con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." (Romanos 5:6-8)

 

3. Sus manifestaciones.

 

a. En el regalo de su Hijo por el hombre pecador. "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él." (I Juan 4:9) Véanse: Juan 3:16; Romanos 5:6-8.

 

Ningún hombre puede contemplar el Calvario y decir, "Dios no me ama." Un apreciado amigo contó de la vez que su propio hijo estaba en la agonía de la muerte. La cosa más difícil que jamás tuvo que hacer fue decir, "Que se haga tu voluntad, Dios mío. Si tú quieres llevarte a mi hijo, llévatelo." ¡Cuán dolor­oso debe ser, tener que abandonar a su propio hijo! Pero, cuando la huma­nidad entregue a sus hijos a Dios, El cuida de ellos mil veces mejor que un hombre pudiera hacer.

 

Dios entregó a su único Hijo para pa­gar por el pecado. El hijo más querido en la tierra es sólo un extraño compa­rado con el amor de Dios hacia su Hijo. Dios apunta hacia el Calvario y dice: "¡Miren a mi Hijo! ¡Vean como lo han escarnecido, herido y golpeado!" Dios vio a los pecadores cru­cificar a su Hijo. Dios podría haberlos barrido de la faz de la ti­erra, pero no lo hizo. Los clavos que traspa­saron a su Hijo traspasa­ron el corazón del Padre. Jamás podremos comprenderlo en su totalidad. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito..." Más de un criminal ha tenido que pagar con su vida por los crímenes cometi­dos. Jesús fue entregado para pagar por nuestros crímenes de pecado.

 

b. Al darnos vida y posición en Cristo. Sólo a los creyentes se les otorga esta sagrada posición de "estar en Cristo." Allí es donde estamos salvos y sin condenación. "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifes­tado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejan­tes a él, porque le veremos tal como él es." (I Juan 3:2) "Aun estan­do nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús." (Efesios 2:5-6)

 

c. Al otorgar que fuésemos llamados Hijos de Dios. "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él." (I Juan 3:1)

 

d. Al disciplinar a aquellos que El ama. "Porque el Señor al que ama disci­plina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido partici­pantes, entonces sois bastardos, y no hijos... Es verdad que ninguna disci­plina al pre­sente parece ser causa de gozo, sino de tris­teza; pero después da fruto apacible de jus­ticia a los que en ella han sido ejercita­dos." (Hebreos 12:6-8,11) Recorde­mos entonces, que la disci­plina del Señor es para nuestro bene­ficio, para nuestra ganancia. Necesi­tamos esta disciplina.

 

e. Al recordar a sus hijos en todas las cir­cunstancias de la vida. En la Palabra de Dios la pregunta es formulada y con­testada concer­niente al cui­dado de los padres. ¿Hay amor más grande que el amor maternal? Veamos lo que Dios dice: "¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vien­tre?" La pregunta: ¿Es posible que una ma­dre pueda abandonar a su propio hijo? La respuesta: "Aunque olvide ella..." En nuestra propia época hemos sido testigos de nu­merosos casos de hijos que fueron abandona­dos por sus padres. Es una ver­güenza que en muchos países tenga que haber leyes que obli­guen a los padres a ser responsables del cui­dado de sus propios hijos. No obstante, esta es la naturaleza de la carne; esta es la naturaleza adánica, la naturaleza pecadora, que los padres aban­donen a sus hijos. Quizá el lector conozca a alguien que lo haya hecho. Quizá usted mismo haya sido abandonado por alguno. Pero veamos el resto de la Palabra de Dios: "...yo nunca me olvidaré de ti." (Isaías 49:15) Existe UNO que jamás abandonará a sus hijos. ¡Es el Padre celestial!

 

f. Al regocijarse por el regreso del Hijo Pródigo. Esta hermosa historia se encuentra en Lucas 15:11-32. Es la historia de un hijo, no de un pecador. Sólo un hijo es un hijo, y no se puede deshijar a un hijo.   Un hijo nace como hijo para siempre. Pero el hijo pródigo se hundió tan bajo que el testimonio que pudiera haber tenido se perdió. Re­cordemos que él aún era un hijo, tanto en la tarea de alimentar algarrobas a los cerdos como al estar viviendo en la casa de su padre. El parentesco todavía existía, pero la comunión se había interrumpido. Uno puede perder la comunión, pero no puede perder la filialidad. El hijo pródigo preparó lo que le diría a su padre cuando volviera al hogar, pero no tuvo la opor­tunidad. Sólo alcanzó a decir, "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo..." Pero antes de que pudiera agregar, "...hazme como uno de tus jornaleros," el padre, abrazándole, dijo: "Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y cal­zado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque éste mi hijo muer­to era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado."

 

Que el hijo pródigo de nuestros días sepa, que si él ha nacido de lo alto una vez, todavía sigue siendo un hijo de Dios. Pero, que se resuelva "le­vantarse y volverse" a su Padre. Nuestro Padre celestial espera con los brazos abiertos, listo para dar el beso de perdón en los labios peniten­tes de su hijo descarriado. "¡Leván­tate y vuélvete a casa!"

 

4. La Multiforme Manifestación del Amor de Dios

 

a. En la bondad divina.

 

(1) Manifestada en la creación. "...y vio Dios que era bueno." Esta frase es carac­terística del primer capítulo de Génesis. Dios es bueno, y todas las cosas que El crea y hace son buenas y para el bien del hombre.

 

(2) Manifestada en el cuidado que Él tiene de los animales. "Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo. Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente." (Salmo 145:15-16)

 

(3) Manifestada en la variedad de placeres para sus criaturas. ¿Para qué toda la belleza de la naturaleza, sino para ser gozada por el ojo humano?

 

(4) Manifestada en el regalo de su Hijo. Esto demuestra la bondad de Dios, ­que Dios es bueno.

 

(5) Manifestada al permitir que los pecadores se arre­pientan. "¿O menospre­cias las riquezas de su benigni­dad, paciencia y longani­midad, ignorando que su benig­nidad te guía al arre­pentimiento?" (Romanos 2:4)

 

b. En la benevolencia de Dios. "El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos noso­tros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:32) Puesto que Dios nos ha dado el regalo grandio­so, su Hijo, podemos confiar en que también recibiremos "las envolturas" del mismo. El Hijo es el Regalo, y las envolturas son "cosas" que El nos suminis­tra que traen felicidad a nuestras almas.

 

c. En la longanimidad de Dios. "El Señor no retarda su promesa, según al­gunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepenti­miento." (II Pedro 3:9) "Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad." (Éxodo 34:6) Véase: Números 14:18.

 

¿Cuántos de nosotros alabamos al Señor por habernos dado "tiempo" para confiar en El para nuestra salva­ción? ¡Oh, la longanimidad de Dios, que es manifestada hacia nosotros, en haber podido oír el Evan­gelio dos veces, cuando hay millones que jamás lo han oído ni siquiera una vez!

 

d. En la paciencia de Dios. "Pero el Dios de la paciencia y la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús." (Romanos 15:5) Aquí notamos que la paciencia de Dios es un título divino, porque El es el Dios de la paciencia. Esto está claramente manifestado en:

 

(1) En su trato con los pecadores: Aquellos antes del diluvio. "Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas perso­nas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua." (I Pedro 3:20) El Señor demostró su paciencia durante por lo menos cien años. Mientras el arca se estaba preparando, el evangelio se predicaba, y la gente era adver­tida. La pacien­cia de Dios finalmente se agotó, y el diluvio barrió con todos los incré­dulos. Lo mismo va a ser con la venida del Hijo del Hombre en su revela­ción, al fin de la Tribulación. Todos aquellos que no estén en el Arca, Cristo Jesús, serán destruidos.

 

(2) En su trato con Israel. "Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invali­dando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios. Antes me acor­daré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová." (Levítico 26:44-45)

 

En la actualidad, Israel no tiene Dios, y con esto no queremos significar que Israel es peor que cualquier otra nación; sino, simplemente, que está sin Dios. Jehová le ha enviado profetas, pero Israel los ha apedreado. El envió aun a su Hijo, y le crucificaron. A causa de esto, los israelitas fue­ron esparci­dos hasta los confines de la tierra. Sin embargo, para todo esto, Dios ha mostrado su paciencia, y esa paciencia será recompen­sada, porque Israel nacerá de nuevo en un día, y toda la nación (los que vivan durante la época de la revelación de Cristo Jesús) será salva.

 

(3) En su trato con el mundo actual. ¿Por qué Dios no descarga el castigo hoy mismo? ¿Por qué se les permite a los hombres blasfemar al Dios del cielo y a su Hijo Jesucristo? La respuesta se encuentra en la paciencia de Dios.

 

H. LA MISERICORDIA DE DIOS.

 

1. Su declaración. "Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres." (Deuteronomio 4:31) "Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericor­dia... Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su jus­ticia sobre los hijos de los hombres." (Salmo 103:8-17) "Pero Dios, que es rico en miseri­cordia, por su gran amor con que nos amó... nos dio vida juntamente con Cristo..." (Efe­sios 2:4-5) Véanse: Salmos 13,0:7; 145:8; 136:1.

 

2. Su explicación. Hay muy poca diferencia en el significado de su misericordia y de su gracia. Miseri­cordia, generalmente hablando, es usada en el antiguo testamento, y gracia en el nuevo testamento. En el antiguo tes­tamen­to, misericordia y benevo­lencia van juntas. Alguien ha dicho que la misericordia es ne­gati­va, y que la benevolencia es positiva. La misericor­dia es mostrada al desobediente, y la benevolencia es derramada sobre el obediente. Las dos juntas significan gracia.

 

3. Su manifestación.

 

a. Al perdonar al pecador. "Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en increduli­dad." (I Timoteo 1:13)

 

b. Al quitar la culpa y la penalidad. "No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniqui­dades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones." (Salmo 103:10-12)

 

c. Al librar a los que están en peligro. "Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia." (Salmo 6:4)

 

d. Al cumplir su objetivo. En Lucas 10:33-37 se registra la parábola del buen sama­ritano. Después de narrar la parábola, Jesús preguntó, "¿Quién, pues de es­tos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladro­nes?" Y la respuesta fue: "El que usó de miseri­cordia con él." No cabe ninguna duda de que Cristo Jesús es un tipo del buen samarita­no, y por cierto, El es quien salva, mediante su misericordia.

 

I. LA GRACIA DE DIOS.

 

1. Su declaración. "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el levantamiento de la rege­neración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en noso­tros abundantemente por Jesucristo nuestro Salva­dor, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herede­ros conforme a la esperanza de la vida eterna." (Tito 3:5-7) "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia." (Efesios 1:7) "Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca." (I Pedro 5:10) Véase: I Corintios 6:1.

 

2. Su explicación. Se dice que la gracia no puede definirse. La gracia siempre fluye hacia abajo. Noso­tros podremos amar a nuestro igual, o a alguien, por sobre nuestro igual, o a veces a uno debajo de nuestro igual, pero nótese la vasta diferencia entre Dios y noso­tros.   No puede haber compa­ración. La gracia de Dios hacia nosotros es "favor inmerecido."

 

3. Su manifestación.

 

a. En que la gracia justifica. Mas bien, la gracia declara justo al santo: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justifica­dos gratuita­mente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús." (Romanos 3:23-24)

 

b. En que la gracia no es por obras. Esto significa que por un acto de la gracia de Dios, la justicia de Dios es puesta a cuenta del pecador creyente. "Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe es contada por justicia." (Romanos 4:4-5)

 

c. En que la gracia imparte una naturaleza nueva. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviése­mos en ellas." (Efesios 2:8-10)

 

d. En que la Gracia salva. ¿Por qué habría Dios de salvarnos? La única res­puesta es, ¡por la gracia! "...por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios." (Efesios 2:8)

 

e. En que la gracia instruye. "Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salva­ción a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la im­piedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y pia­dosamente." (Tito 2:12)

 

J. LA FIDELIDAD DE DIOS.

 

La infidelidad es el pecado más grande de nuestro día presen­te, ya sea en los nego­cios, en la iglesia, o en el estado. Pero nosotros tenemos un Dios que es fiel en todo momento, bajo cualquier circuns­tancia. La Palabra confirma la fidelidad de Dios por lo siguien­te:

 

1. Su declaración. Muchos pasajes de las Escri­turas destacan la fidelidad de Dios. "Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus manda­mientos, hasta mil generaciones." (Deuterono­mio 7:9) "Fiel es Dios, por el cual fuisteis llama­dos a la comu­nión con su Hijo Jesucristo nuestro Se­ñor." (I Corintios 1:9) "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis sopor­tar." (I Corintios 10:13)   Véanse: Deuteronomio 32:4, I Tes. 5:24; II Tes. 3:3; I Juan 1:9.

 

2. Su Explicación. El significado de "fideli­dad" es sostén, apoyo y amparo. El es en quien nosotros podemos apoyarnos. Cuando vacilamos, El es nuestro Apoyo, ¡en todo mo­mento!

 

3. Su Manifestación. ¿Cómo demuestra Dios su fidelidad?

 

a. Cumpliendo su promesa. "Mantengamos fir­mes, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que la prome­tió... porque os es nece­saria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará." (Hebreos 10:23, 36, 37) La promesa del Hijo nacido de una virgen en Isaías 7:9 está cump­lida en Lucas 1:26-38 y 2:7. La promesa de Dios a Abraham en Génesis 15:13, de que su simiente iría a Egipto y permanecería allí por cua­trocientos años, está cumplida en Éxodo 12:41. Véanse: Deuteronomio 7:9; I Reyes 8:23-24, 56.

 

b. Preservando a su pueblo. Una vez que un pueblo se con­vierte en pueblo de Dios, permanece suyo para siempre. Eso es porque Dios es fiel. "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus mi­sericor­dias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad." (Lamentaciones 3:22-23) "Porque Israel y Judá no han enviu­dado de su Dios, Jehová de los ejércitos, aunque su tierra fue llena de pecado contra el Santo de Israel." (Jeremías 51:5) Véanse: Salmo 89:20-26; II Timoteo 2:13, I Pedro 4:19.

 

c. Disciplinando a sus hijos. Dios es fiel en cumplir con los "azotes" que El ha prome­tido a sus hijos desca­rriados: "Conoz­co, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste." (Salmo 119:75) La corrección es necesaria cuando desobedezca­mos a nuestro Señor, y como es lógi­co, podemos contar siempre con la fidelidad de Dios para que se cumpla la expresión de la misma. "Porque el Señor al que ama, disci­plina y azota a todo el que recibe por hijo." (Hebreos 12:6)

 

d. Perdonando nuestros pecados. "Si confe­samos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (I Juan 1:9)

 

e. Contestando nuestras oraciones. ¿Cómo sabemos que nuestras oraciones serán contesta­das? Dios nos manda que oremos a El sin cesar. ¿Cómo sabemos que esto nos hará algún bien? Sabemos que Dios contesta nuestras oraciones, porque la fidelidad de Dios garan­tiza que sus oídos estarán siempre abiertos a los cla­mores de sus hijos. "Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; respóndeme por tu verdad, por tu justicia." (Salmo 143:1)

 

4. Aplicaciones.

 

a. Confianza en Su fidelidad nos librará de la preocupación

b. Esta confianza nos quitará toda murmuración.

c. Aumentará nuestra fe en Dios.

 

K. LA SANTIDAD DE DIOS.

 

*A pesar de que estamos mencionando la santidad de Dios como el último de los atributos de Dios, no nos olvidemos jamás del hecho que este atributo natural es el atributo central en todo sentido.

 

1. La Santidad Natural. A ésta se le llama el atributo funda­men­tal, y es el atributo por el cual Dios quiere que su pueblo lo recuerde. Algunos eruditos de la Biblia afirman que este es el más importante de todos los atributos de Dios porque la santidad se menciona más a menudo en las Escrituras.

 

Dios es llamado Santo muchas veces. Su santidad se menciona más, que su poder. La santidad cierta­mente es "el atributo de los atributos." Siempre que deje­mos de pensar en la santidad de Dios comenza­mos a pensar en el pecado con liviandad. Estamos viviendo en una época de la transigen­cia, cuando la gente tiene "puntos de vista superficiales." Es difícil hacer que la gente considere su condición perdida y el peligro del infierno que les espera. La mayoría piensa con liviandad acerca de la salvación debido a que tienen un criterio muy pobre de la santidad de Dios.

 

"¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terri­ble en maravillosas hazañas, hacedor de prodi­gios?" (Éxodo 15:11) "Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santifica­réis, y seréis santos, porque yo soy Santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra. Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: se­réis, pues, santos, porque yo soy santo." (Levítico 11:44-45) "Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de tu gloria." (Isaías 6:2-3)

 

"Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebran­tados." (Isaías 57:15) "Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre Santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros." (Juan 17:11) "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la reden­ción." (Efe­sios 4:30)   Véanse: Levítico 19:1-2; Josué 24:19; Salmos 22:1-3; 99:5-9; I Pedro 1:15-16.

 

2. Aspectos de la Santidad. Con esto queremos decir la contex­tura de la santidad, aquello de lo cual está compuesta.

 

a. Pureza.

 

(1) Su declaración. "Este es el mensaje que hemos oído de él y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él." (I Juan 1:5)

 

(2) Su explicación. En El está la luz. En El no hay tinieblas jamás. La luz siempre es pura. Dios es Luz pura, libre de contamina­ción. Hay dos fases de la pureza: la negativa - que es libre de toda contamina­ción; y la positiva - que es pura. Dios en su santidad es puro. Es libre de todo lo que conta­mina, y puro en esencia.

 

b. Rectitud. Este es otro elemento de la santidad.

 

(1) Su declaración. "El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son recti­tud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él." (Deuteronomio 32:4) "Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute con­tigo; sin embargo alegaré mi causa ante ti..." (Jeremías 12:1) "Padre justo, el mundo no te ha conoci­do, pero yo te he conocido, y éstos han cono­cido que tú me envias­te." (Juan 17:25)

 

(2) Su explicación. La fórmula para la justi­cia se halla en Ezequiel 18:5-9. ­"Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia...," es decir, que hizo las cosas correctas, de una manera justa, "...éste es jus­to; éste vivirá, dice Jehová el Señor." Dios siempre es justo. Dios posee el carácter que lo hace hacer todo correctamente. La justicia siempre re­quiere aquello que es lo correcto en carácter. Dios nunca pide nada que no sea lo correcto. Dios nunca nos ordena hacer lo malo.

 

c. Justicia.

 

(1) Su declaración. "Jehová en medio de ella es justo, no hará iniquidad; de mañana sacará a luz su juicio, nunca faltará; pero el perverso no conoce la vergüenza." (Sofonías 3:5) Véase: Deutero­nomio 32:4.

 

(2) Su explicación. La rectitud es una exi­gencia legisla­tiva de Dios, una exigencia de la santidad. La justicia es la santidad judicial - ese acto judicial de Dios que manda la penalidad para los que no se han elevado a la altura de los justos mandamientos de Dios. La justicia, la santidad judicial, gobierna a los que son juzgados, y eso trae aparejado la ejecu­ción de aquellos que no cumplen con la ley de Dios. La justicia es el albacea de los que injurian los santos mandamien­tos de Dios. La justicia del hombre a veces se equivo­ca, pero la justicia de Dios es siempre cor­recta.

 

d. La verdad de Dios.

 

(1) Su declaración. "Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salva­ción; en ti he espera­do todo el día... Todas las sendas de Jehová son misericordia y ver­dad, para los que guardan su pacto y sus testimonios." (Salmo 25:5-10) "Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arre­pienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecuta­rá?" (Números 23:19) "En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos." (Tito 1:2) Véanse: Deuterono­mio 32:4; Salmo 31:5; 86:15.

 

(2) Su explicación. La Verdad Eterna es aquello que Dios ha revelado al hombre en su Palabra. Dios jamás se contradice a sí mismo. Una porción de su Palabra nunca contradice a otra. ¿Acaso no estamos contentos de que la Palabra de Dios no haya estado de acuerdo con todas las teorías muertas del pasado? ¡Natu­ralmente! No desmayemos si la Biblia no concuerda con ninguna teoría de la actualidad con respecto a la creación, al hombre, etc. El hombre carece de conocimiento aparte de la Palabra de Dios. Cual­quier cosa aparte de la revelación de Dios es una mera suposición.

 

3. Manifestaciones de la Santidad de Dios.

 

a. Por sus obras. Todo lo que Dios ha creado y hecho es perfecto y santo. Dios no creó el pecado. Dios no creó la naturaleza pecaminosa que está en el hombre perdido. Dios creó al hombre en perfecta inocencia, pero él pecó. El hombre, al cometer pecado, pasó a los demás hombres la naturaleza "peca­minosa." Así es, Dios creó al hombre con la capacidad de pecar. Si Dios hubiese creado al hombre de manera que él no pudiera pecar, y aun no ser una máquina, el hombre no sólo hubiera sido como Dios, sino que él hu­biera sido Dios mismo. No somos iguales a Dios.

 

b. Por sus leyes. Todas las leyes divinas son justas y ellas son verdad. No hay una sola falsedad en la totalidad de las leyes de Dios. Por tanto, las leyes de Dios manifiestan su santidad.

 

c. Por su odio al pecado. "Los insensatos no esta­rán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad." (Salmo 5:5) Esto, quizás, sea una revelación para algunos. Dios odia al pecador por causa de su pecado, y no por causa de sí mismo. Dios odia al pecador; pero lo ama también, porque El sabe que el hombre, a pesar de estar arruinado por el pecado, puede de­mostrar santidad. ¿Por qué Dios castiga al pecador? ¡Por causa de sus pecados! Por tanto, Dios odia el pecado, no importa donde se encuen­tra, ya sea en la vida de un pecador irredento, o en la vida del mismo creyente. La actitud y la conducta de Dios hacia el pecado revelan su santidad.

 

d. Por su amor a la justicia. Dios ama la justicia tanto como El odia el pecado. "Tu oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y jus­tificando al justo para darle conforme a su justicia." (I Reyes 8:32) "Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros... Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún." (Hebreos 1:9; 6:10)

 

e. Por la justificación del pecador creyente. Si el hombre recibiera toda consideración por sus "derechos," él estaría en el infierno. Son la misericordia y la gracia de Dios que le ofrecen el plan de la salvación, la cual, si el hombre decide aceptarla, declara justo al creyente quien llega a ser un pecador perdona­do. "A quien Dios puso como propiciación (Cristo Jesús) por medio de la fe en su san­gre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, y el que justifica al que es de la fe de Jesús." (Roma­nos 3:25-26)

 

f. Por el cuidado que El tiene de los santos. "Jehová es el que hace jus­ticia y derecho a todos los que padecen violencia." (Salmo 103:6) "Mucho me han angustiado desde mi juventud, puede decir ahora Israel; mucho me han angustiado desde mi juventud; mas no prevalecieron contra mí. Sobre mis espaldas araron los aradores; hicieron largos surcos. Jehová es jus­to; cortó las coyundas de los impíos." (Salmo 129:1-4) Véanse: Salmo 98:1-3; 145:15-19; II Timoteo 1:6-9.

 

g. Por su cruz. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desampa­rado?" (Salmo 22:1) Podemos vislumbrar breve­mente la cruz leyendo el verso citado y los demás versos del Salmo 22. Este Salmo es profético; pues, fue escrito aproximadamente nove­cien­tos años antes de que Cristo realmente muriera en la cruz del Calvario. Y la muerte de Cristo es una perfec­ta manifestación de la santidad de Dios. Sin duda que algunos preguntarán, ¿cómo puede ser que nosotros sabemos que Dios odia el pecado? Su hijo, "... que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado." (II Corintios 5:21) Cuando el Hijo de Dios se volvió pecado, la actitud de Dios hacia el pecado no cambió. Dios odiaba el pecado como siempre lo ha odiado, aun cuando El "lo hizo pecado" a su Hijo. El hecho de que era su Hijo no cambió el criterio de Dios en lo absoluto. Por lo tanto, en aquel momento, Jesús vino a ser objeto del odio del Padre a causa del pecado. "Con todo eso, Jehová quiso que­brantarlo." (Isaías 53:10) Dios desamparó a su Hijo, porque Dios siempre desechará el pecado. La santidad de Dios permanece inmutable.

 

V. LA PATERNIDAD DE DIOS.

 

Dios es llamado el Padre debido a la asocia­ción que los creyentes tenemos con El. La popularidad del término, "Padre," cuando se refiere a Dios, se debe al cristianis­mo. En la actualidad existen numerosas fantasías con respecto a la paternidad de Dios. La enseñanza de la paternidad de Dios y de la confra­terni­dad del hombre no es nada más que el universa­lismo, lo cual enseña que ninguno será enviado al infierno jamás. Pero no todos los hombres son hijos de Dios. El pasaje que los univer­sa­listas usan para predicar que Dios es el Padre de toda la humanidad se encuentra en Efesios 4:6. "Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos." Pero esto se refiere a todos los cristianos, a todos los creyentes, no a los incrédulos, no a los condenados.

 

A. LA ENSEÑANZA DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

 

"Pero tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos co­noce; tú, oh Jehová, eres nuestro Padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre­... Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros." (Isaías 63:16; 64:8) En el antiguo testamento, Dios está mencionado como Padre, pero no como el Padre del indivi­duo. Más bien, El está considerado como que es el Padre de la nación de Israel. No podemos en­contrar ningún pasaje que se refiere a Dios como el Padre de un pecador arrepentido en el antiguo testamento.

 

B. LA ENSEÑANZA DEL NUEVO TESTAMENTO.

 

El Señor Jesús es el que introdujo a Dios como el Padre del individuo. El es el primero en reconocer que Dios es el Padre de cada cristi­ano en particular. Los siguien­tes pasajes bíblicos respaldan esta verdad: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." (Juan 1:14) "Y Jesús les respon­dió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebran­taba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios." (Juan 5:17-18) "Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. Enton­ces los judíos volvieron a tomar piedras para ape­drearle. Jesús les respon­dió: Muchas buenas obras os he mostra­do de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te ape­dreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios." (Juan 10:29-33) "Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído..." (Juan 11:41)

 

1. En que Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. La expresión según la usamos, "la Paternidad de Dios", no significa que Dios vivió por mu­cho tiempo y luego engendró a su Hijo. Recordemos que Dios es el Padre Eterno; y para ser un Padre Eterno, El debe tener un Hijo Eterno. En las Escrituras, el término "hijo" no siempre significa un hijo por gene­ración. Puede, también, significar un hijo por relación.

 

Veamos las Escri­turas del antiguo testamento: "Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nom­bre Emanuel." (Isaías 7:14) "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el princi­pado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admira­ble, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz." (Isaías 9:6) Nótense: los términos "niño" e "hijo." El niño es nacido; pero el Hijo no es nacido, sino dado. Así es, el Niño de Belén nació, pero la Vida era el Hijo que ha exis­tido siempre. El Niño tuvo un principio; el Hijo no tenía principio. El siempre ha exis­tido con el Padre desde la eternidad; por lo tanto, Cristo es el Hijo, no por nacimiento, sino por relación. El Hijo está relacionado al Padre y al Espíritu Santo; todos juntos están relacionados entre sí, y así forman la Divinidad. Dios jamás podría ser Dios sin que todos los miembros de la Divinidad hayan estado presen­tes desde la eternidad y a través de la eternidad.

 

A fin de que Dios pudiera redimir la humani­dad, El tenía que nacer como cualquier otro hombre; por tanto, El se manifestó a sí mismo en su Hijo, quien fue concebido por el poder del Espíritu Santo. "Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su som­bra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios." (Lucas 1:35) "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley." (Gálatas 4:4)

 

a. El Padre reconoce a Jesús como su propio Hijo. "Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." (Mateo 3:17) "Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd." (Lucas 9:35)

 

b. El Hijo reconoce a Dios como a su propio Padre. "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiere re­velar." (Mateo 11:27) "Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí." (Lucas 22:29) "Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti." (Juan 17:1)

 

c. Los hombres reconocen a Jesús como al propio Hijo de Dios. "Respon­diendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." (Mateo 16:16) "Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios... Respondió Natanael y le dijo Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Isra­el." (Juan 1:34,49)

 

d. Los demonios reconocen a Jesús como al propio Hijo de Dios. "Y clama­ron diciendo: ¿Qué tienes con noso­tros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormen­tarnos antes de tiempo?" (Mateo 8:29)

 

2. En que Dios es el Padre de los creyentes en el Señor Jesucristo. "...un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos." (Efesios 4:6)

 

No podríamos hacer suficiente énfasis sobre el hecho de que Dios no es el Padre de toda la humanidad. El es sólo el Padre de los renaci­dos hijos de Dios. Todos los hombres son las criaturas de Dios por la creación, pero no todos son hijos de Dios. El hombre es una criatura de Dios por la creación. El se convier­te en un hijo de Dios por la regenera­ción. "Gracia y paz os sean multipli­cadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesucristo... por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis ­a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia." (II Pedro 1:2,4)

 

No puede haber filialidad aparte del renaci­miento espiritual. El niño tiene, siempre, la naturaleza de su padre. El hombre, que es nacido de Adán, tiene la naturaleza de Adán, la cual es corrupta, pervertida y pecaminosa. Y el padre de la naturaleza pecami­nosa de Adán es Satanás. Por tanto, la naturaleza de nuestro padre (Adán) es la misma naturaleza que la del padre de Adán (Sa­tanás). Por consiguiente, nuestra naturaleza es la misma que la de Satanás. Satanás es el padre espiritual de todos los pecadores no re­genera­dos. "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseo de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el princi­pio, y no ha permane­cido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira." (Juan 8:44)   Resumiéndolo todo, si Satanás es el padre de los que no son salvos, por el nacimiento natural, noso­tros debemos tener un nacimiento sobrenatural a fin de que Dios pueda ser nuestro Padre.

 

El mundo está dividido en dos partes. Hay sólo dos clases de hombres a quienes Dios reconoce: Adán y Cristo. Los peca­dores están divididos según la identi­dad de ellos con estos dos hombres. Los que no son salvos se identifican con Adán. Los salvos se identifi­can con Cristo. Todos los hombres se identi­fican por el naci­miento natural en Adán. Los hombres que han rena­cido son identificados por el nacimiento sobrenatural en Cristo.

 

*El hombre que no es salvo no puede llamar a Dios, “Padre mío". La relación filial existe únicamente entre el Padre y los que han nacido del Espíritu Santo. (Juan 3:3-7)

 

Cuando el Señor Jesús estuvo clavado en el madero, Él clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" El Señor no dijo: "Padre mío, Padre mío", sino "Dios mío, Dios mío." ¿Por qué? Porque El tomaba el lugar del pecador para morir como Sustituto por sus pecados - “el Justo por los injustos." Dios es santo. El pecado separa a la humanidad de Dios. Dios es el Creador de todos, pero no es el Padre de todos. Mi amigo, ¿Dónde estás tú? ¿En Adán, o en Cristo? "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados." (I Corin­tios 15:22)

 

 
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