Génesis 32:1-32
Jacob, el tranquilo, no era el hombre más valiente. Su hermano Esaú lo odiaba, y amenazó con matarlo, porque Jacob había robado su bendición. Su madre, Rebeca, le dijo a Jacob que corra a lo de su hermano, Labán, en Harán. Después de veinte años con su tío Labán, trato de escabullirse y volver a la tierra de Canaán y a su familia. Al darse cuenta que Esaú estaba allí, envió mensajeros delante de él, esperanzado de que sería bienvenido a su casa. “Y los mensajeros volvieron a Jacob diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú y el también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con el.” Génesis 32:6. Esta no era exactamente la recepción que Jacob quería.
Cuando Jacob escuchó que Esaú venía, “tuvo gran temor y se angustió”. Jacob, el engañador, hizo planes para salvar vidas y también para apaciguar a su hermano con una ola de regalos.
Esa noche, “así se quedó Jacob solo, y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba”. Génesis 32:24. El varón era Dios, que es evidente cuando Jacob nombra el lugar como Peniel que significa literalmente “el rostro de Dios”. Jacob luchó con Dios.
¿Quién crees que ganó la lucha? En Génesis 32:25-26, leemos, “Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré si no me bendices”. Jacob tenía un dolor fuerte pero se mantuvo persistente al Señor.
Dios no dijo, “sí, te bendeciré” o “no, no te bendeciré”. En vez de eso preguntó ¿Cuál es tu nombre? El dolorido luchador respondió “Jacob”. ¿Jacob? Sí, el mentiroso, engañador. “Y el varón le dijo: No se dirá mas tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”. Génesis 32:27-28. ¿Vencido…y con los hombres? ¡Esaú viene con cuatrocientos hombres! Si Jacob hubiera vencido a Dios, ¿Qué hombre hubiera luchado contra él? “Y lo bendijo allí”. Génesis 32:29.
Obviamente Dios permitió que lo vencieran. El Hombre sufrió la derrota intencionalmente, no por falta de poder o fuerza. Esa mañana, “le salió el sol, y cojeaba de su cadera”. Génesis 32:31. Este príncipe de Dios cojeó por el resto de su vida, pero fue un hombre cambiado, listo para enfrentar un nuevo día.
Esaú venía. Aun así, Jacob tomo medidas para proteger a su familia y con humildad se acercó a su hermano. No había vuelta atrás. “Pero Esaú corrió a su encuentro, y le abrazo, y se echó sobre su cuello, y le besó y lloraron”. Génesis 33:4. El luchador de Dios, Israel, fue recibido en su casa.
Señor, tu sabes cómo tratar con nosotros. Eres bueno y amable. Gracias por fortalecernos en el hombre interior, para que seamos las personas que tú quieres que seamos. Ármanos con fe y humildad cuando peleamos por ti. En el nombre de Jesús. Amén.
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