¿Quién soy? (Ex 3)

Éxodo 3:1-22

Los primeros cuarenta años de la vida de Moisés se pasaron en Egipto, donde fue criado como el hijo privilegiado de la hija del Faraón. “Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras”. Hechos 7:22. El era inteligente y poderoso.

Un día vio a un egipcio abusar a un esclavo hebreo. Mientras defendía al hombre maltratado, Moisés mató a su opresor, creyendo que Dios lo había levantado para convertirse en el libertador de los hijos de Israel. Poco tiempo después Moisés descubrió que el Faraón oyó del asunto, así que escapó al desierto, donde el pasó los siguientes cuarenta años ocupándose de las ovejas. El príncipe de Egipto se convirtió en un humilde pastor.

Pero el Señor tenía otros planes para Moisés. Lo llamó a sí mismo, al hablarle desde una zarza ardiente que no se consumía. El Señor había visto la opresión de su gente en Egipto y había escuchado sus clamores. Dios le dijo a Moisés, “he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo”. Ahora el Señor iba a ser el libertador. Sin duda Moisés estaba entusiasmado de escuchar lo que Dios iba a hacer.

El Señor dijo, “Ven, por tanto, ahora y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel”. Ahora Moisés se iba a convertir en el libertador de Dios. Cuarenta años antes se había escapado de Egipto para salvar su vida. No tenía en mente volver. Se había casado y establecido, viviendo tranquilo y en paz. El Señor lo mandaba de vuelta.

“Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón y saque de Egipto a los hijos de Israel?” Éxodo 3:11. El Señor estuvo preparando a Moisés por ochenta años para el ministerio al que él le llamó. Moisés no sabía que volvería al desierto para pasar los últimos cuarenta años de su vida, dirigiendo a los hijos de Israel. No estaba preparado cuarenta años antes para esa tarea desafiante. Pero ahora estaba listo. ¿Quién soy? Todavía era inteligente y poderoso, pero se había convertido en un hombre humilde y sumiso que Dios podía usar.

El Dios que Moisés servía se rebeló a sí mismo como “YO SOY EL QUE SOY”. En realidad no importaba mucho quien era Moisés. La cosa más importante para recordar es quien es el Señor. El es suficiente, todo lo que necesitamos.

Señor, sabemos que tu eres el Altísimo que habita en la eternidad, y habita en aquellos que tienen un corazón humillado y contrito. Gracias por usarnos en tu servicio. Amén.

 

 

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laura-del-regno

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